Esta reflexión no es crítica, no hay resquemor, puede que un poco de desconsuelo pero es la realidad, es lo que tenemos, somos y hemos “creado”. El pasado 15 de agosto, en quietud de la noche, en la serena placidez de estar tumbado en la cama, reflexiono sobre mi visita “turística”, porque, a fuer de ser sincero eso ha sido, a San Pedro en Roma, al Vaticano, en principio la que es, debe o pretende ser la casa universal, el emblema y enseña de la cristiandad, donde los valores y principios cristianos se magnificarían al compartirse de modo multitudinario, todos bajo una misma fe, esperanza y confianza en el ejemplo de vida de JESUS.
Bueno pues dejando claro mi mas profundo respeto y cariño a los miles de personas que estaban hoy allí congregados por la audiencia papal y, quiero y deseo pensar que el gozo y la alegría que veo todavía reflejado en sus rostros, era consecuencia de un sentir cristiano, de sentirse comunidad y así lo querían manifestarlo con su presencia al sucesor de Pedro pero mas que a la persona, a lo que representa o debe representar. Dejando esto claro desde el principio, y con la sinceridad y honradez que pretendo marque mi actuar, debo significar lo que ha supuesto para mí, lo que me ha hecho sentir y ahí va.
En primer lugar, debo reconocer que no he ido con otro espíritu que el “turístico” y aun reconociendo que soy consciente y voluntario de ir en ese plan, también debo decir que el ambiente general que se respira en torno a la Ciudad del Vaticano, siento decirlo, no ayuda al “recogimiento”, a sentirse mas en contaco o cercano a Dios y a los miles de hermanos en la fe que me rodeaban.
Enormes filas y al menos tres controles policiales que son los que yo he tenido que pasar, así como por los escaners que te radiografían cuerpo y alma, sí alma también porque se supone que era el pórtico, el precio para entrar en las “dependencias” de nuestra propia casa, la de todos, la común y centro de reunión de razas, estados y condición, estatus y posición social, todo bajo un mismo sentir. Es la casa donde nuestro Padre desea nos juntemos, nos arropemos, nos congratulemos de ser lo que somos y quienes somos.
Pasados los distintos controles policiales seguimos con el tour turístico, cámaras disparando fotos ante todo y todos, cordones que te dicen hasta aquí se puede, no pasar, rodeos continuos, laberintos de ida, vuelta y revuelta y decenas de puestos de mercaderías, venta al pormenor de reliquias, rosarios y una amplia amalgama de artículos; me choca y me entristece ver bolígrafos, no con la inscripción de made in Vaticano sino peor, con el nombre de distintos Papas, sobre todo de Juan Pablo II. Esto me ha dolido especialmente pues me ha creado un sentimiento como si se comerciara con su legado, con su ejemplo, con su universalidad, con el cariño especial que tantos y tantos cristianos o no sentíamos por él, es como si se minusvalorara, se rebajara hasta el fondo su recuerdo de esperanza de universalidad, de acercamiento, de tolerancia y comprensión qu eshibió por todo el mundo con indepencia de las crencias, razas y religiones dispares.
Todo el mundo congregado esta mañana, hemos pasado ante la imagen de San Pedro, ante una de ellas, esa que tiene el pie desgastado de tantos besos y caricias que se le obsequian y que muchas es fruto de la devoción pero ante mis ojos ha acontecido escenas como la de posar un rato con la mano en el pie de San Pedro, sin respeto hacia los cientos de personas que estaban detrás, esperando a poner la mejor cara y postura ante el familiar que a unos metros de distancia intentaba sacar la foto perfecta de recuerdo. Y me pregunto que eso ¿porqué se hace y para qué ?, que se debe sentir al posar para la cámara en ese gesto carente de sentido y de interiorismo de tocar la imagen de San Pedro ?.
La verdad es que los tumultos y aglomeraciones no me gustan, hasta llegan a irritarme y por ello trato de evitarlos, pero se acrecienta mi no sentirme a gusto cuando tengo necesidad de acercarme mas a Jesús, de abrazar la mano que El siempre tiene extendida para que la cojamos, de orar de modo sereno y con paz interior, de sentirlo dentro de mi, bueno pues en esos casos necesito intimidad, recogimiento, silencio interior y exterior, paz y armonía y todo eso no lo obtengo, no lo siento ni encuentro en la Casa de la Cristiandad, en San Pedro de Roma, en el Vaticano.
Los guardias y registros policiales me han hecho recordar el ejemplo de Jesús y la reprimenda a sus discípulos cuando ponían tanto celo en su protección que impedían a la gente que se acercara i lo molestara ” dejad que los niños se acerquen a mi ” yo quiero ser uno de esos niños.
Las decenas de puestos comerciales de venta “al por menor”, también me ha recordado cuando Jesús echó a los mercaderes de la Casa de Dios.
En fin, que mi visita al Vaticano, a San Pedro, no me ha defraudado porque yo mismo confieso que he ido como “turista”, no como cristiano y eso me duele y me duele mas que no me haya resultado fácil, imposible cambiar mi actitud a lo largo del día, seguramente es porque mi fe es frágil.
Pero todo no ha sido “negativo” porque en una capilla si he podido “recogerme” dentro de la Basílica, en un habitáculo que, aunque demasiado majestuoso y ornamentado de lujo, no estaba permitida la entrada sino para orar, en silencio, sin cámaras, sin guardias, sin jolgorios ni aglomeraciones y también, en Roma he encontrado, me he sentido cecano a Dios en lugares menos suntuosos, mas humildes, menos visitados, mas en consonancia con la humildad que Jesús abanderaba y ahí sí ahí si me he sentido reconfortado.
¿Que sociedad queremos, qué ejemplo damos los cristianos, en qué estamos convirtiendo el ejemplo de Jesús para que sea necesario tanto control policial, tanta mercadería y que convierta a tanta gente, como yo, en turistas en la Casa de Dios, con la guia en la mano y el audio no porque no quise gastarme 6 euros ?
Grillo taciturno