En esta semana acudí al tanatorio; la hermana de un compañero y único que puedo decir que se acerca a lo que pudiera entender como amigo, había fallecido. Era una muerte anunciada pero no por eso estábamos preparados para asumirla cuando se hizo realidad.
Me encontré con la expresión, manifestación de un inmenso dolor, desesperación, lágrimas continuas, sollozos y hasta gritos de ” no es justo, no puede ser…”. Me sentí tremendamente impotente ante esta situación y solo pude “unirme” en cierta manera a esos sentimientos que se manifestaban en toda su crudeza; un dolor inmenso.
Esto pudiera ser normal y comprensible pero, en un instante, mi compañero, ante el cuerpo inerte de su hermana me dijo ” para vosotros los cristianos esto debe ser mas fácil de aceptar y de llevar, ¿verdad? “.
Me quedé sin palabras y un flash me llegó de inmediato a la mente, pensé qué pobre es mi fe que me impide contestar a mi amigo con un SI y encontrar las palabras que contagiaran de esa mi creencia en Dios y de la confianza, esperanza en El, que no nos deja nunca, que en todos los momentos y sobre todo en esos difíciles está ahí con la mano estendida.
Unicamente pude decirle lo que sentía en esos momentos y es que nadie, al menos yo no, podía decirle que estaba preparado para sufrir, que no se encuentra consuelo ante esos sufrimientos y que, eso si, tenemos momentos en los que nos aferramos a lo que de gratificante y alegre puede aliviar nuestra pena y en su caso era que pensara en la entereza, la vitalidad, la fuerza y ganas de vivir que, según él mismo me decía, había afrontado su hermana la enfermedad ante todo y ante todos sus seres queridos hasta el último suspiro. Eso debía aliviar la pena y servir de ejemplo de lo que ella quería y que, en modo alguno era que sus seres queridos sufrieran por ella.
Pensandolo mas detenidamente y con serenidad, pienso que esa fortaleza de Silvia en afrontar sus diez meses de agonía, le venía de Dios, necesito creer que es así y también que ella, en el fondo de su corazón estaba en contacto, sentía la presencia y el amor de nuestro Padre.
También necesito pensar y creer firmemente que esta vida no tiene sentido si no nos aguarda algo más y mejor al abandonar la finita existencia terrenal y como soñar es gratis, se sea creyente o no, porqué no podemos aliviar nuestra pena, aunque sea en algunos momentos, y pensar en que nos ha dejado un ser querido pero para gozar de un mundo en espiritu lleno de gozo y alegría. Si queríamos mucho a Silvia, olvidemos un ratico lo que hemos perdido e imaginemos que ella ha pasado a estar en una felicidad maravillosa y permanente, qué perdemos con soñar con ello, con pensar que Dios nuestro Señor la ha acogido con los brazos abiertos y goza de la paz, sosiego, felicidad plena, regocijo.
Qué pobre es mi fe que no puedo contagiar, que me quedo sin las palabras adecuadas para transmitir tu mensaje Señor y que ni para los demás ni incluso para mi es consuelo cuando el sufrimiento, QUE ES PARTE CONSUSTANCIAL EN NUESTRA VIDA, sale inexorablemente al encuentro.
Aumenta nuestra fe, confianza y esperanza en Tí, es el único camino, la única verdad, la única forma de vida en paz y armonía.
Descanse en paz Silvia, ya está contigo Señor.
Grillotaciturno